"Chasing Cars" de Snow Patrol


Es una tarde de septiembre de 2007. En la cafetería de la universidad suena de fondo "Chasing Cars" de Snow Patrol mientras un joven de 23 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas, devora su clásica comida corrida: consomé, arroz y guisado. Apenas come, apenas duerme y casi no tiene tiempo para ver a su novia, salir de fiesta o estar con los suyos.

Viene con el tiempo medido. Consiguió su primera oportunidad como desarrollador de software profesional y trabaja de 9:00 a.m. a 2:30 p.m. en una empresa al sur de la Ciudad de México. Como no tiene automóvil y vive en el norte, cruza la ciudad todos los días en transporte público para pagarse los estudios con su propio sueldo y algo de ayuda de sus padres. Por eso, cuando llega al campus, lo hace siempre con hambre y directo a comer.

Su jornada de clases es un maratón: de 4:00 p.m. a 10:00 p.m. Por suerte, el último profesor suele terminar a las 9:50 p.m., lo que le da margen para salir corriendo al estacionamiento principal. El camión universitario que los lleva al metro arranca a las 10:10 p.m. en punto y no espera a nadie. Quince minutos después, se baja en la estación, se despide de algunos compañeros y toma el metro para acercarse a la casa de sus padres.

El último tramo lo hace caminando. En ese trayecto, su cabeza es un torbellino: piensa en las tareas que debe terminar, el peso de los reclamos de su novia, amigos y familia por su eterna ausencia, los correos pendientes de su jefe y el presupuesto de la quincena que debe estirar para la universidad y la casa.

Llega alrededor de las 10:40 p.m. Por lo regular, ya todos están dormidos. Se organiza, avanza en sus pendientes escolares y por fin logra acostarse entre la medianoche y la 1:00 a.m. Unas horas después, a las 5:30 a.m., el ciclo se reinicia: se baña, prepara su desayuno, se despide de su familia y sale de nuevo hacia la oficina. Y de fondo en su cabeza sigue escuchando y cantando la canción  "Chasing Cars" de Snow Patrol.


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